Incredulidad y sandwiches de jamón y queso

Lugar: Belgrano y Perú.

La Guerra de Malvinas se asocia en la memoria de Calamaro con un momento preciso: cuando estaban ensayando con parte de Los Abuelos de la Nada en una sala ubicada en Belgrano y Perú. Además del joven tecladista (tenía 21 años), estaban Cachorro López, Polo Corbella y Gringui Herrera (que todavía no formaba parte de la banda, aunque era muy cercano: su tema “Tristeza de la ciudad” fue incluido en el primer disco de esa etapa de los Abuelos, en ese mismo 1982).

“En la sala vecina tocaba Alejandro Medina y nosotros tomábamos Coca-Cola y practicábamos nuestros excesos verbales y musicales de siempre. Escuchamos y vimos la noticia a través del blanco y negro de la cachuza tele de la dueña de los locales, alternamos el asombro con la incredulidad y con sandwiches de jamón y queso, y reconozco que al principio parecía ser una gran broma, a estas alturas (aquellas) las arengas populares hacían reflexiva gracia y el disparate era declarado a la par de la peligrosidad nacional. Es que aquellas islas nunca nos habían importado”,
recordó Andrés diez años después, en una nota de Página 12 que republicó rock.com.ar.


“Una realidad muy diferente sería la de los colimbas movilizados, nuestros muchachos de la clase 62 –continuó–. Era 2 de abril y estábamos tocando ‘Fabio Zerpa tiene razón’ (una canción del 80) y espontáneamente agregamos el clásico: ‘Argentina, Argentina’ a modo de intro, escépticos expertos -de años largos y peligrosos y corruptos y absurdos-. Sin ningún ánimo de adherir, más bien de reír u ofender.”




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